miércoles, 30 de julio de 2008

This lust to my brain almost feels like a gun.


Me fui a acostar imaginando miles de formas -nuevamente- de despedirme de vos, y tus tantas posibles reacciones. Lloré hasta quedarme dormida, pero más que nada creo que mi llanto se debía no a la parte del adiós, sino al momento en que -como bien sé yo que jamás pasará- hacías todo para cambiar mi decisión y de una vez por todas, reaccionabas como un hombre.


Recuerdo que alguien me decía que por la mañana, las penas del ayer no son tan crudas y punzantes. ¡Cuánta razón hay en eso!


Hoy ya no me duele nada. Nada, nada!



Extraño aquellas épocas en las que lo más importante era tener muchos marcadores de colores para que mis dibujos quedaran coloridos, y que eso completara mi mundo.


Salir del colegio al mediodía, acercarme a la virgencita para decirle hasta mañana e ir con mamá al Mc del Shopping Caballito.


¡Qué épocas! ¡Qué sencillez tenía la vida en aquel entonces!


Papá siempre que hago algo de "adulta" me dice "la que no quería crecer..." ¡Yo no quería! Pero la promesa de Peter Pan de volver por mí y llevarme al País de nunca jamás, jamás se cumplió. Y me quedé esperando con mi pijama largo que con los años me fue quedando cada vez más corto...
...pero él nunca apareció.
Pero como ya dije, no importa.


Acá vemos lo que nos toca vivir, y conformes o no, lo enfrentamos (¿o morimos en el intento?).

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