Nos despedimos con la promesa de volver a vernos. En tu cruda mirada noté la retinencia que se asomaba al decir las últimas palabras, pero había llegado al momento en el que ese tipo de cosas ya no importaban. Ya no más de esas miradas. Ya no más palabras. Ni cálidas, ni amargas. Ya no más vos.
Y la promesa, como bien sabés vos, como bien supe yo, era una mentira.
Una mentira para engañar a los ángeles del amor que alguna vez jugaron a juntarnos, y nos mantuvieron unos cuantos meses agarrados de la mano.
Quizás, no nos animábamos a decirles cara a cara que no creíamos en el amor, menos en el amor entre nosotros dos. Acaso quisimos engañarnos nosotros también.
Acaso te quise, sin querer, en algún momento de mi vida y es hoy el día en el que me doy cuenta, entre sollozos apagados, hipidos patéticos y desprecio en el alma que no, que nuevamente no eras el indicado.

1 comentario:
tus ultimas 4 palabras resumen todo.
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