Yo también.
Tengo un dolor punzante en la cabeza, pero no quería tomar nada porque hoy yo quiero sentirme mal (igual me obligaron a medicarme, claro está).
Hoy soy yo quien quiere estar hundida bajo las sábanas escondiéndose del mundo cruel de allá afuera, con tanta gente riendo, tantos vacacionando, aquellos que van y vienen con esa fuerza de piernas... que yo no tengo. No hoy.
Hoy somos mi dolor punzante en la cabeza y yo.
Mis astillas en el alma y yo.
Nuevamente.
Yo, conmigo. Yo y mis otros yo. (YO. YO. YO. qué egocéntrica estoy, no?)
Yo y miles de agujas que se clavan en mí lentamente.
Me miro en el enorme espejo de esta habitación y veo mis ojos... ay, como me conozco que los veo y sé que lloran por dentro. Cómo me conozco que miro mis labios pegados y realmente estoy viendo una mueca interna horrible, que ni intenta sonreír porque simplemente ya ni quiere.
Y me siento horrible.. pero a la vez me gusta, porque me encierro adentro mío, así nadie puede entrar. Creo una coraza invensible, impenetrable, para sufrfir mi dolor, y a la vez, disfrutarlo. Después de todo, quizás sea algo masoquista y guarde dentro cierto espíritu de mártir. No es lo que quiero pero...
...Siento las punzadas cada vez más fuertes, más dolorosas.
Por hoy, mejor, no escribo más.

No hay comentarios:
Publicar un comentario