sábado, 31 de enero de 2009

El reloj parece estar petrificado.

Yo también.
Tengo un dolor punzante en la cabeza, pero no quería tomar nada porque hoy yo quiero sentirme mal (igual me obligaron a medicarme, claro está).
Hoy soy yo quien quiere estar hundida bajo las sábanas escondiéndose del mundo cruel de allá afuera, con tanta gente riendo, tantos vacacionando, aquellos que van y vienen con esa fuerza de piernas... que yo no tengo. No hoy.
Hoy somos mi dolor punzante en la cabeza y yo.
Mis astillas en el alma y yo.
Nuevamente.
Yo, conmigo. Yo y mis otros yo. (YO. YO. YO. qué egocéntrica estoy, no?)
Yo y miles de agujas que se clavan en mí lentamente.
Me miro en el enorme espejo de esta habitación y veo mis ojos... ay, como me conozco que los veo y sé que lloran por dentro. Cómo me conozco que miro mis labios pegados y realmente estoy viendo una mueca interna horrible, que ni intenta sonreír porque simplemente ya ni quiere.
Y me siento horrible.. pero a la vez me gusta, porque me encierro adentro mío, así nadie puede entrar. Creo una coraza invensible, impenetrable, para sufrfir mi dolor, y a la vez, disfrutarlo. Después de todo, quizás sea algo masoquista y guarde dentro cierto espíritu de mártir. No es lo que quiero pero...
...Siento las punzadas cada vez más fuertes, más dolorosas.
Por hoy, mejor, no escribo más.

No hay comentarios: