
No hay como sostener una taza de café caliente con ambas manos y sentir los dedos de los pies fríos, pensando internamente que la llegada del frío se está haciendo presente y que ya llegarán aquellas épocas en las que salir a la calle conste en estar tapado hasta la naricita roja y sentir cómo el viento quiere calar los huesos.

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