miércoles, 14 de octubre de 2009

El cajón de mi mesita de luz

El cajón de mi mesita de luz tiene muchas cosas. No sé que tienen en general los cajones de mesita de luz, pero a veces pienso que el mío algo especial tiene que tener.

El cajón de mi mesita de luz es muy chiquito, como la mitad del ancho de la mesita. Aparte, en mi cuarto todo es de tamaño reducido. Hasta yo.

Hoy lo miré y sentí que merecía la pena nombrar qué tenía. Digo: congelar un instante. Aunque de instante no tiene nada, porque conserva las mismas cosas que hace tiempo.

Tiene dos controles: uno de mi equipo de música, el cual siempre está desenchufado. No lee mp3 y me parece obsoleto. Y de última, cuando lo enchufo lo manejo desde el aparato; ya ni me acordaba de que tenía control. El otro es de mi tele. La TV era de mi hermano, y cuando me mudé a esta habitación, me quedó a mí. Nunca tuvo pilas. Igual, creo que anda mal. No importa, no miro mucha tele y cuando miro la manejo desde la pantalla.

Hay dos tijeras también. Una la subí el otro día -para cortar algo, obviedad- porque creí que ahí no tenía. La otra vaya uno a saber desde cuando está. Tiene el mango naranja y no me gusta porque es dura.

Tiene tres adaptadores, bien distintos el uno del otro. No estoy segura por qué están ahí. Jamás usé ninguno. Creo.

Hay muchos subtepass. Viajo muchísimo en subte: no me gustan los colectivos. Igual yo no los guardo, los tiro después de viajar. No son míos los del cajón; alguien alguna vez trajo un piloncito y me dijo "tomá, los tenía en el bolsillo" y por descarte cayeron ahí. Eso debió haber pasado en Mayo, porque son todos del mes cinco.

Qué porquerías que guardo. Hay un esqueleto de cinta de papel. La cinta la uso para pegar todas las conocidas etiquetas que invaden mi pared, pero este rollito hace mucho que se acabó. Sumando cosas inservibles: un push up. Uno. Sólo una vez en mi vida tuve un corpiño que se le ponían y sacaban los rellenos esos (qué feo suena dicho así); pero un día el corpiño apareció con uno solo, entonces se lo saqué y quedó en el cajón. No vaya a ser que me quede una teta más grande que la otra. Y si hablamos de cosas que no sirven, también hay un papel de una pastilla halls, un esmalte seco, un alfiler de gancho diminuto, un ganchito destrozado y los restos de un llavero que me había traído mi hermano de Brasil. Es que los llaveros me duran poco. También hay un coquito de mi llavero actual que va perdiendo las partes. Y hay uno entero que me regalaron en una fiesta de quince en el 06, que es como una muñeca demasiado grande para mi única llave.

¿Dije ya que hay un sobrecito de ketchup? es que acá no se compra porque se vence, y me lo traigo de Burger cuando voy. Toda una linyera. No por traerlo, sino por haberlo dejado en el cajón.

Todavía hay más cosas -y eso que yo había dicho que era tan chiquito!-: dos luminarias, una pulsera roja que me regaló hace años no sé quién, bayaspirinas y un sobre vacío que dice Feliz cumple. Una lapicera violeta y un bretel transparente. Un símbolo de la paz azul de plástico que encontré una vez en el colegio, una carta pokemon y eso que se dice para curar el mal de ojo escrito en un papel que me dieron a las doce en Navidad.

Hay una carta que me escribió mi ex mejor amigo para mis quince, que no sé que hace ahí, toda dobladita. Una fotocopia de mi documento de la niñez, un papelito para cambiar una remera, un sobre de unas pastillas de Estados Unidos que se llaman Sweetarts. Estaban buenas, son de Wonka! Me las habían regalado. Unas llaves de candado de Diario íntimo, esas típicas que son todas iguales; un boleto de la línea 97 del año pasado, una chapita de lata, un recorte de revista de los músculos del cuerpo. Cosas que tendrán sus historias, pero que ya no recuerdo.

Por último, talones de películas: del año pasado y de anteriores, algunos muy borrados y otros apenas visibles.

Al final, qué lindo es mi cajón. Mientras escribía, dije "Tiro todo, para qué me sirve". Pero ahora..

..Ahora que congelé el instante me gustaría hacerlo durar un poco más.

No hay comentarios: