martes, 31 de mayo de 2011

El profesor de teatro

Pasaron 9 años, Hugo, pero seguís siendo el mismo. Pude reconocerte por tu pelo largo y canoso atado y por tu barba sabia. Por el gesto que hacías con tu nariz al leer que estoy segura de haber visto más de una vez. Más que nada, te reconocí por tus ojos color cielo, por esa mirada profunda y sincera que uno no ve en cualquiera.

Si vos no te diste cuenta de quién era yo fue porque, seguramente, habrás tenido muchísimos alumnos en todo este tiempo.

Será porque cuando yo te conocí, ya eras un anciano y habías crecido todo lo que tenías que crecer (te quedaba sólo empezar con el proceso inverso, el de achicarse). En cambio yo, de ser esa niña tímida que actuó en el teatro del Parque Chacabuco pasé a ser una señorita de 19 años que poco se debe parecer a la chicuela de trenzas.

Miré lo que leías y subrayabas de manera tan prolija porque tuve la esperanza de que fuera una obra de teatro. No es que desconfiara de que eras Hugo, pero no me mostrabas ni un indicio. "La ética del cuidado de sí mismo como práctica de la libertad" rezaba el título. No me pareció muy propio del género, pero no pude ahondar en el tema porque los apuntes estaban en tus manos y no en las mías.

Aunque me haya topado con vos tan sólo durante cuatro estaciones de subte y no hayamos cruzado ni una palabra, Hugo, quiero decirte que di mis primeros pasos en el “espacio libre” gracias a vos. Porque cuando yo estaba en 5to grado, vos, mi profesor de teatro, fuiste quien decidió agregar un personaje al cuento guionizado de El Saurio Rosado para convertirme en “Sauria” a mí, con mis mejillas siempre encendidas que te enternecieron lo suficiente para que me pusieras en el papel a mis cortos 10 años.

Me gustó que la vida nos cruzara de nuevo. Aunque ya ni sepas quién fui, hay cosas que yo no olvido.

2 comentarios:

Feli dijo...

Ayyy, me enterneció muchísimo tu entrada! Me hizo pensar en mi propio ex-profe de Teatro y en cómo la vida cambia, nos regala y quita personas, en cómo la realidad y el entorno muta, en ese deseo contenido de acercarnos que a veces tenemos, pero no lo hacemos. En esas personas que sin saberlo, pueden ser muy importantes.

Jazmin dijo...

Creo que Hugo dejó una marca en cada alumno que tuvo, que hermoso que te lo hayas cruzado de nuevo, yo tampoco voy a olvidarlo nunca, ni a su barba ni a esos cuentos que nos relataba cuando llovía.