domingo, 24 de febrero de 2013

Querido Arcángel Shamuel

Me tomo un café con leche mientras comienzo mi jornada laboral de domingo -que durará todo el día- y me pregunto en mi cabeza, ¿te habrás equivocado con lo que me dijiste, Shamuel?
Confié tantísimo en que tus palabras eran sabias y que estabas hablando con mi ángel de la guarda, que ahora no sé si sentirme estúpida o decepcionada.
A lo mejor está bien creer en ángeles, brujas, duendes y espíritus, sobre todo si le dan al alma un poquito de esperanza para seguir adelante cuando se siente vencida.

Pero no sé, tenemos todos tantos sueños rotos que me pregunto cuándo es el momento indicado para ustedes y por qué me diste esa señal que era incorrecta. ¿O no la supe interpretar bien?

Las palabras sonaban claras y justas. ¿Era sólo para mí? ¿Era yo la que sentía todo eso, en eso no te equivocaste?

Me hiciste suspirar el corazón aliviado por un segundo y por eso te agradezco. Porque convenciste a mi fuero interno de que todo lo que estaba sintiendo y pensando era realmente la verdad absoluta.

Y confío, de hecho, en que los tiempos venideros -si bien no serán más fáciles- se llenarán de tus palabras hasta inundarme, aunque sea para crecer y madurar conmigo misma. Así en el mañana puedo mirarme al espejo y por una vez sentirme orgullosa de la mujer en que me convertí.

Pero para eso, todavía, me falta caminar un sinuoso camino lleno de piedras que pienso esquivar. Y si tropiezo diez veces con ellas, me levantaré once.

Creo que en definitiva te tengo que dar las gracias, Shamuel. Le diré a mi angelito de la guarda que te dé un abrazo y que no voy a dejar de pensar que ustedes están para ayudarme. Es sólo que como humana estoy demasiado cegada como para entender qué es lo mejor para todos.


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