Cuando entendemos que no somos nuestros y somos parte del todo, podemos aprender a ver la vida de una forma diferente a la que conocemos. Y entonces podemos vislumbrar que nuestra misión no es personal: nosotros no la conocemos, sólo debemos entregarnos al universo plenamente en beneficio de todos y todo lo demás.
Somos una semilla que debemos regar día a día para que pueda crecer y florecer.

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