Soplan vientos huracanados. En mi cabeza.
Me vuelan los pensamientos a velocidades bochornosas y se ríen de mí a medida que arrasan con todo.
A los vientos no les importa llevarse puestos recuerdos, emociones, certezas. Lo único que quieren es demoler seguridades y despegar cimientos.
Vaciar. Uno a uno. Cada. Momento.
Los vientos huracanados soplan, es verdad. Pero también es verdad que en algún momento paran.
Y cuando eso sucede y sólo queda la tibia calma de un lienzo en blanco, se puede -de a poco- empezar a construir de cero.
domingo, 9 de agosto de 2015
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