y él sintió que el universo se resquebrajaba
sacudido por su furor y sus insultos
y no era sólo su carne que era desgarrada por sus garras sino su conciencia
y allí quedó como un desecho de su propio espíritu
las torres derrumbadas
por el cataclismo
y calcinadas por las llamas.
(Abbadón el exterminador; Ernesto Sábato)

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